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Su papel en la emigración asturiana

La huella que el ex presidente y fundador del Consejo de Comunidades dejó en los centros asturianos sigue viva


 
MANUEL FERNÁNDEZ DE LA CERA PRESIDENTE DEL CONSEJO DE COMUNIDADES ASTURIANAS La generalidad de los centros asturianos de todo el mundo muestra en sus sedes alguna señal de reconocimiento hacia Rafael Fernández: una placa, el nombre de un salón o de una instalación deportiva o, incluso, una escultura o retrato del primer presidente de nuestra Transición a la democracia. Rafael Fernández fue el fundador y presidente del Consejo de Comunidades durante 12 años, un organismo creado por la ley de Asturianía de 1984. La constitución del Consejo de Comunidades se hizo a la medida del talante conciliador de Rafael. La Universidad de Oviedo, el RIDEA, la Academia de la Llingua, las cámaras de Comercio, los sindicatos, los partidos políticos con representación parlamentaria, el Gobierno del Principado y los centros asturianos, con la FICA a la cabeza, integran una buena parte de las instituciones asturianas más representativas que forman parte del Consejo de Comunidades que Rafael Fernández dirigió.

Rafael Fernández
Centro Asturiano de Barcelona

En su condición de antiguo emigrante y exiliado político, Rafael conectó plenamente con los asturianos de la diáspora. Su huella en los centros quedó tan viva que había siempre una pregunta obligada para los visitantes procedentes de Asturias: ¿cómo sigue Rafael? Y había también una respuesta satisfactoria para los asturianos de la emigración: Rafael estaba siendo cuidado de modo inmejorable por Belén, su mujer.

Durante los últimos tiempos era necesario defender la intimidad de Rafael, impidiendo que prosperasen innumerables iniciativas de dar agasajos y homenajes al principal protagonista de nuestra Transición asturiana a la democracia. La última de esas iniciativas data de una semana y trascendió a los medios informativos.

Rafael Fernández se relacionó con todos los centros asturianos, pero tuvo una vinculación especial con algunos, bien por su importancia histórica o bien porque requerían de una mayor ayuda por su difícil problemática. En España hay que subrayar, por ejemplo, la gran colaboración de Rafael con los centros de Madrid, Barcelona y Alicante, que abordaban la construcción de sus sedes, después de tener que abandonar los locales de Arenal y Paseo de Gracia los primeros y después de avalar las obras del centro levantino con sus firmas personales el presidente y el secretario. Los centros asturianos de Madrid y Barcelona corresponden con «arrogancia» -en sentido asturiano- a la generosidad de Rafael, ya que le dedican estatuas, retratos, placas y, sobre todo, un sentimiento general de gratitud en los socios, que también se da en el centro de Alicante y, en general, en todos los centros asturianos. En América, Rafael dedicó una atención especial a los centros asturianos de mayor rango histórico: La Habana, Buenos Aires, Rosario y México. En México, Rafael forma parte de la emigración de los exiliados de la II República española. Un cuñado suyo, Urcesino Tomás, hijo del presidente del Consejo de Asturias y León, fue uno de los que facilitaron la unión de las emigraciones económica y política, ya que fue futbolista del Club Asturias -equipo que fue tan querido, por lo menos, como aquí el Oviedo y el Sporting- y formó parte de las directivas de los presidentes del Centro Asturiano Graña y Segura.

La relación de Rafael Fernández con el Centro Asturiano de Barcelona -hasta la Guerra Civil, Centro Asturiano de Cataluña- merece una mención especial. Tras la caída de Gijón, en octubre de 1937, unos 50.000 asturianos hallaron refugio en Cataluña, entre los que figuraban Rafael Fernández y Pura Tomás. La organización de las ayudas a nuestros paisanos tuvo un lugar preponderante en el Centro Asturiano de Cataluña, donde destacaron por su eficacia y su honradez, con toda la directiva del centro, Amador Fernández y José Barreiro. En medio de las penurias y los bombardeos, Rafael y Pura perdieron a su primer hijo, recién nacido; y a pesar de esta tragedia personal, siempre reconocieron las ayudas recibidas por los refugiados del Centro Asturiano, así como del pueblo catalán y de las instituciones de la Generalitat y del Gobierno de la II República. Cuando se establece en el barrio de Sarriá el actual Centro Asturiano de Barcelona, Rafael Fernández, a través del Consejo de Comunidades, acudió en su ayuda. Ahora, el centro da su nombre a la mejor de sus instalaciones.

En suma, además de ser el primer presidente de Asturias, en la Transición a la democracia, y de haber formado parte del Consejo de Asturias y León durante la Guerra Civil, Rafael Fernández fue el creador y presidente del Consejo de Comunidades Asturianas durante 12 años. Los centros asturianos de todo el mundo, como su representante FICA, mantendrán, sin duda, vivo el recuerdo del hombre dialogante que tanto colaboró con ellos.